Si no temo perder lo que poseo,
ni deseo tener lo que no gozo,
poco de la Fortuna en mí el destrozo
valdrá, cuando me elija actor o reo.
Ya su familia reformó el deseo;
no palidez al susto, o risa al gozo
le debe de mi edad el postrer trozo,
ni anhelar a la Parca su rodeo.
Sólo ya el no querer es lo que quiero;
prendas del alma son las prendas mías;
cobre el puesto la muerte, y el dinero.
A las promesas miro como a espías;
morir al paso de la edad espero:
pues me trujeron, llévenme los días.
La poesía es una de mis grandes pasiones. Disfruto tanto leyéndola como escribiendo. Pero en los últimos tiempos la poesía está sumida en una profunda depresión, la mayoría de los jóvenes no sabe apreciar el mensaje del poema, no suscita en ellos una admiración ante la expresividad plasmada y lo peor de todo es que cada vez los poetas estamos desfigurando mas la raiz de la poesía: rima y metros.
Como es lógico no se puede permitir perder este gran patrimonio de la humanidad que es el poema y por eso creo necesario promoverlo. En este blog iré publicando poco a poco poemas de los grandes poetas y explicando un poco su significado por si es de ayuda a alguien.
Centrándonos ya en este soneto, pertenece a la época barroca. Su autor es Don Francisco de Quevedo y Villegas uno de los poetas mas reconocidos de la literatura universal y principal estandarte del conceptismo. Quevedo intenta en todos sus poemas la reflexión individual de los grandes interrogantes de la vida: el amor, la muerte, la vida, la religiosidad…
En concreto el soneto aquí presente muestra la llegada certera de la muerte en un momento determinado de la vida. La muerte será aceptada de mayor “agrado” si no se teme a ella porque la consecuencia directa de la vida es la muerte.